Estamos solos.
El comisionado del Pueblo ante la Cámara de Diputados comienza su discurso con la venia del Presidente del Congreso. Señor Presidente, Señorías, Señores y Señoras invitados, hoy estoy ante ustedes para defender la propuesta no de ley por la que se insta al Gobierno de la Federación de Repúblicas a que informe a las poblaciones civiles de fuera de nuestras fronteras sobre las amenazas sobre sus poblaciones de ejércitos de los considerados por nosotros como terroristas, para que puedan poner a salvo sus vidas y sus bienes. Tengo ante mí diferentes alegaciones en contra de dicha ley que ha sido admitida a trámite por la solicitud de quinientos mil ciudadanos, según las cuales no debemos interferir en los acontecimientos que se desarrollan al otro lado a menos que nos atañan directamente, supongan una amenaza presente o futura, sirvan para ejecutar un rescate de personas de interés, fauna o flora, o cualquier otra cuestión de interés para la Federación. Y todas esas consideraciones son bastante acertadas, pero no es menos acertado el que esta Cámara y a instancias de la misma el Gobierno de la Federación sea obsequioso con el clamor de sus ciudadanos y tenga la generosidad de atender sus demandas. Demandas por otro lado que aún sin tener un efecto visible y directo sobre las vidas de los españoles y de las personas que hemos acogido generosamente dentro de nuestras fronteras, si que van a tener un efecto negativo en nuestro devenir vital, ya que si damos por amortizadas las vidas de los inocentes que van a ser masacrados por las hordas asesinas que aterran los continentes del mundo sin mover siquiera un dedo, no digo ya que desencadenemos un holocausto sobre sus huestes criminales que de querer podríamos desencadenarlo, pero al menos deberíamos mover nuestra tecnología para alertar a esas poblaciones a las cuales sabemos o saben nuestros servicios de inteligencia que se dirigen los ejércitos de androídes y de sicarios de las corporaciones que aún luchan por dominar la Tierra, con la única intención de asesinar y destruir los restos de humanidad que se hacinan en esas poblaciones. Un silencio seguido de un murmullo sordo envuelve el hemiciclo, suena un tímido aplauso, le acompaña otro un poco más vehemente y de pronto un atronador coro de aplausos y de voces que se alzan y piden a gritos que se intervenga, se exige que hayan acciones represoras sobre las fuerzas atacantes a poblaciones civiles. Los diputados en pie golpean sus terminales de votación haciendo un estruendo que hace ponerse en pie al Presidente de la Cámara que a grito pelado y esgrimiendo el mazo de su autoridad exige compostura a sus Señorías. Restablecido el orden, el Presidente se dirige a los presentes. Señor Comisionado del Pueblo, señores y señoras diputados, la presidencia de esta Cámara acata la petición popular y suma la exigencia cameral incrustando a la Propuesta no de ley la petición a gritos de sus Señorías para que sean atacadas con todos los medios al alcance de nuestras fuerzas armadas los ejércitos irregulares que amenacen a las poblaciones civiles en toda la faz de la Tierra. Con el fin, más allá de asegurar la pervivencia de la estirpe humana, de que las hordas criminales tengan la convicción de que este pueblo de mujeres y de hombres orgullosos y valientes no van a dejar que sean sacrificadas las vidas de civiles inocentes sin mover un dedo. Y ahora Señorías se inicia la votación. Ni qué decir que la propuesta alcanza la máxima aceptación de sus Señorías que la aprueban sin un solo voto en contra. Y a partir de este momento el 14 de febrero de 2048, día de San Valentín, los ejércitos españoles son autorizados a lanzar ataques de castigo contra los ejércitos irregulares o regulares que amenacen la seguridad de las poblaciones civiles. Ataques que serán precedidos por la infestación vírica de los sistemas de navegación informáticos de los andróides y su armamento, procediendo primero a ordenar su autoconfrontación, para a continuación iniciar un ataque con armamento de ondas de choque y explosiones sónicas que aunque destructivos no dejan resíduos contaminantes en el campo de batalla.
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